El derecho a la educación en tiempos de coronavirus

Por: (Payet, Rey, Cauvi, Pérez Abogados). 

En tiempos de nos hemos vuelto todistas. De la puerta de la casa para afuera el mundo se paralizó, pero desde esa misma puerta hacia adentro la velocidad es inquietante.

De la noche a la mañana nos tuvimos que reinventar o, por lo menos, intentamos hacerlo, y así, además de trabajar en nuestra profesión u oficio, nos volvimos cocineros, profesores y expertos en limpieza. En estas semanas he intentado convertirme en profesora de comunicación, de matemáticas, entre otros. Me he esforzado en responder las diversas interrogantes de mi hija y más de una vez me he quedado sin respuesta. He valorado el trabajo difícil de aquel a quien llamamos maestro y es que este no solamente imparte conocimientos, sino que también tiene a su cargo la educación integral, vinculada con la impartición de valores y desarrollo de habilidades de aquellos a quienes más amamos: nuestros hijos.

He visto fotografías de niños(as) escuchando clases por radio en un hogar donde reina la necesidad, o aquella en la que se observa a una niña vestida con su uniforme recibiendo clases por televisión. He visto la imagen más sublime de lo que puede representar un maestro, un hombre sentado prácticamente en la tierra, en un caserío de Ayabaca, intentando llegar a sus alumnos a través de la tecnología. Me he conmovido en lo más profundo y me he preguntado ¿qué motiva a ese profeso a tener esa dedicación sin límites?, ¿qué los motiva cuando la sociedad y el Estado los han olvidado por años al no brindarles verdaderas oportunidades de desarrollo?

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Sin duda, son fuente de inspiración y, por qué no, de profundo cuestionamiento a un sistema que ha relegado por años a un sector de vital importancia. Esos niños(as) y profesores nos ponen frente a la cara una realidad innegable y es que la educación no debe ni puede parar.

La educación es la llave a la libertad de los hombres y mujeres en el mundo, es el a la independencia, a una mejor calidad de vida, a la dignidad como seres humanos. Que el coronavirus sea un punto de quiebre para efectuar un profundo cuestionamiento a nuestras prioridades como sociedad, como Estado. La inversión en una educación de calidad, cuarto objetivo del desarrollo sostenible, es prioritaria.

No permitamos que este virus feroz que llegó a arrebatarnos la libertad para desplazarnos y, lamentablemente, la vida de tantos peruanos pase sin dejarnos enseñanza alguna. El , consagrado en la Constitución, está más vivo que nunca en el rostro de cada uno de esos niñas, niños y maestros. Mi admiración eterna.

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Fuente: El Peruano

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