El actual dilema de las firmas de abogados

 
Abogado. Socio principal de DS Casahierro Abogados. 

La tecnología, la globalización, la multiplicación y concentración de la riqueza de las empresas, las personas y las familias; así como la cultura de las nuevas generaciones han cambiado abruptamente los negocios y por tanto la forma como las firmas de abogados deben de enfrentarlos para subsistir y crecer.

La rapidez de estos cambios si bien han impactado y alcanzado de manera diferente a cada continente, si lo medimos bajo criterios macroeconómicos, todos se han dado básicamente a la vez. Ello ha implicado un abrupto cambio en la participación, forma y alcance de los servicios legales, obligando a las firmas de abogados existentes y a sus principales participantes a pasar por un proceso inmediato de decisiones de alternativas de globalización, tamaño y especialización que en otras épocas podría haber durado una década.

Si bien por los recursos, tamaño de mercado, cultura de riesgo, extremada especialización y vocación de cruzar fronteras han sido las firmas y abogados de los países angloamericanos las que se han anticipado años atrás pero sin querer a la globalización, con base en la idea de seguir a sus clientes por el mundo (“follow your client”), la necesidad de las firmas del resto del mundo y en particular las de nuestra región latinoamericana están enfrentando el dilema debido a los cambios mencionados, debiendo hoy que decidir entre ser firmas globales o locales, es decir firmas con oficinas en varias partes del mundo o en un solo país; y, el ser firmas de prestación de servicios integrales o firmas de prestación de servicios especializados (“boutiques”), dilemas que en nuestra experiencia deben enfrentar todas las firmas de abogados peruanas en el más corto plazo, con decisión pero más aun con pasión sino quieren ver el futuro de sus generaciones fuera del mercado legal.

En ese sentido, considero útil a nuestra industria y mercado contar nuestra experiencia, con la esperanza que ello contribuya a que la práctica legal siga el curso y la transformación que han anticipado en mayor medida las firmas anglosajonas y de manera importante las europeas. A diferencia del pensamiento Latinoamericano donde al abogado se le ve como una necesidad y hasta como una pícara forma de lograr objetivos de toda clase, en dichas regiones por el contrario los abogados y sus firmas son considerados y respetados como extraordinarios profesionales y empresarios en la prestación de servicios, bajo la conciencia que crean cultura y riqueza, que son capaces de gestionar y dirigir negocios y proyectos, ser actores directos del crecimiento de un país, una región o un continente y, en definitiva, de dar satisfacción personal, familiar y humana.

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Volviendo a los cambios y su relación con las firmas de abogados, no hay duda que en muy pocos años, abogados y firmas existentes hemos tenido que adaptarnos y tomar decisiones que nos han puesto en diversos dilemas: El primero y que sin excepción ataca desde la década de 1990 a las firmas en general y a los abogados en particular, es el tamaño de práctica que queremos tener.

Sin embargo, en el mundo, la región Latinoamericana y en el de hoy existe un dilema adicional y más complejo y en parte vinculado al referido; y es el tener que elegir básicamente entre las siguientes opciones (i) ser una firma “local” (solo peruana) de servicios legales integrales, es decir destinada a la prestación de servicios legales tanto a empresas como a personas en varias áreas del derecho y la industria económica; (ii) ser una firma local de prestación de servicios especializados, es decir, principalmente focalizada en alguna especialidad del derecho o en una industria en particular, las denominadas “boutiques”; (iii) ser por el contrato una firma “internacional o global”, igualmente de prestación de servicios integrales; o (iv) ser una firma especializada de alcance internacional.

Es importante resaltar que los cuatro tipos de firmas legales se dan en el Perú y el mundo y que, por lo pronto, todas ellas coexisten en el mercado mundial. Por tanto, no hay una forma perdedora, pero sin duda algunas pueden dar más réditos económicos que otras y a la vez unas importan más inversión económica y personales que las demás.

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Ahora bien, nuestra experiencia nos ha enseñado que el actor principal de la solución al dilema se centra en lo bueno y lo malo del ser humano, donde los intereses individuales (sobre todo en un abogado), deben de ser combatidos con la pasión de las ideas, la visión de sus actores, el tiempo necesario para la preparación y análisis técnico, la madurez empresarial y sin duda el claro entendimiento que no hay decisión segura y sin riesgo.

Así, en estos tiempos, las firmas deben aprender, analizar y deliberar sobre ciertos aspectos básicos, como el hecho que las firmas globales son las menores en términos de número de empresas, pero que son las que más acumulan los ingresos mundiales generados por la industria legal; en ese sentido, una mayor cantidad de firmas, locales o regionales se disputa un menor pedazo de tales ingresos mundiales; la circunstancia que los mercados han crecido y se han sofisticado, donde los clientes relevantes tienen sus propios equipos de abogados internos, exigiendo de las firmas un excesivo valor agregado, un significativo conocimiento y por ende una especialización extrema, así como una experiencia internacional, que les permita no solo una justificación en su contratación sino también una reducción de costos, tanto más cuando en el mundo actual los ingresos percibidos por nuestra industria son monitoreados y básicamente determinados por los usuarios y no por sus prestadores.

Finalmente, esta decisión exige que las firmas de abogados entiendan que no basta la ampliación de su clientela o sus ventas, la experiencia, la especialización y el acompañamiento internacional de sus clientes, sino que al nivel empresarial que la industria ha llegado y el entendimiento del mundo por las nuevas generaciones, exigen que la decisión pase por un modelo que permita una reducción de costos y una mayor eficiencia económica de los clientes, pero sobre todo una calidad de vida determinada de sus profesionales.

En fin, se acabaron los “años felices” donde unos amigos universitarios se juntaban románticamente para llevar a cabo una práctica profesional. Ya no, la prestación de servicios legales exige hoy una gestión profesional, la presencia de alta tecnología y el mejor y posible recurso humano e inversión económica. Por ello, creemos que toda firma de abogados debe, en el más breve plazo, tomarse el tiempo para decidir el camino a seguir a fin de dirigir tanto sus recursos humanos como económicos a acometer la opción elegida. No hacerlo es solo vivir el momento, reduciendo significativamente su capacidad de supervivencia.

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En nuestro caso –DS Casahierro Abogados–, nacimos con una vocación de internacionalización, nos preparamos desde el primer día para ello, nos convencimos como socios e hicimos a nuestros abogados y staff de esta voluntad; por ello analizamos sus pros, como la apertura de nuevos mercados, la adopción de experiencia de nuestros socios internacionales y el anticipo de nuevas ideas e innovaciones, así como la armonización de servicios en beneficio de nuestros clientes y, el intercambio y crecimiento profesional y personal de nuestros miembros y staff; pero, por sobre todo, la institucionalización de la firma, es decir, su transcendencia futura a la de sus socios y administradores actuales. También vimos los contras, generados por la exclusividad, el conflicto de intereses, la unificación de culturas, la inflexibilidad de las decisiones, la individualidad e intereses de cada ser humano; y, por supuesto, el miedo de no haber tomado la decisión correcta.

Esta experiencia nos ha llevado a concluir que: (i) cada día debemos crecer, de una u otra forma, sea como firma local, internacional, integral o especializada; (ii) que no hay decisión mala o buena; (iii) que solo el tiempo nos comunicará el resultado de nuestra decisión; (iii) que hay sacrificios que hacer (iv) que hay que seguir intentando alguna fórmula que, como empresa y personas, satisfagan las expectativas de todos aquellos que forman una organización, todo ello con análisis, conciencia, pero a su vez con corazón y coraje.

Esta ruta emprendida nos ha enseñado que todo camino tiene piedras y que solo debemos prepararnos para pisarlas y pasarlas cuidadosa, pero firmemente. ◗

Fuente: Jurídica (El Peruano)

Un comentario

  1. José Luis Román Ferreyra

    Felicitaciones… a seguir adelante.

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