Control de daños: lo que nos deja el caso Messi

Jaime B. Talledo De Lama

Por: Jaime B. Talledo De Lama (Socio Fundador y Manager Partner de NewSportsLaw. Experto en Derecho deportivo). 

Como es sabido, durante la tarde (española) del 4 de setiembre, Lionel Messi anunció en una entrevista concedida a Goal.com que se queda en el F. C. Barcelona: “no iría a juicio con el club de mi vida”, dijo. La entrevista dejó un sabor a “me quiero ir, pero no me dejan”. Pasado el vendaval, y con la liga 2020-2021 comenzando, corresponde hacer un análisis del saldo que nos deja este conato de bronca entre Messi y su club. Y según creemos, no es bueno para ninguno de los dos.

Lo primero que hay que decir, es que una “amenaza” como la lanzada por el jugador, para ser realmente efectiva, debe ser llevada hasta las últimas consecuencias. Era tal la magnitud de lo que pretendía hacer Lionel, que sus abogados debían haber previsto que llegar a tribunales era una seria posibilidad; quizá la única para su antagonista, pues el pago de 700 millones de Euros no era una posibilidad.

Dada la radical postura adoptada por el club, el jugador se vio en un callejón sin salida. Quizá su intención siempre fue buscar un acuerdo, pero si así fue, su estrategia de negociación comenzó por el final. El burofax, el silencio, el aparentemente no haberse acercado antes; eran una manera hostil de iniciar una negociación. Por lo mismo, ante la solicitud de una reunión para negociar, el club habría contestado que “o nos reunimos para renovar, o no hay nada que negociar”. Una respuesta igual de contundente que el burofax.

La Liga, por su parte, jugó su papel de patronal, indicando en un comunicado oficial que el contrato de Messi está vigente y que la única manera de abandonar el club -“limpiamente” y sin riesgo de sanciones o por parte del club-, era el pago de los 700 millones de Euros de su cláusula de rescisión. Un condimento más en un plato que Lionel se rehusaba aún a probar.

Desde el punto de vista jurídico, ambas partes contaban con argumentos para sostener sus posturas. Si los abogados de Messi optaron por no ir a tribunales, además de las razones sentimentales y personales expuestas por el jugador; es porque existía la posibilidad de que un juez de la razón al F. C. Barcelona, fijando un monto de indemnización alto, aunque por debajo de la astronómica cifra pactada en el contrato.

Después del pulso sostenido entre ambos bandos, aparentemente el club es quien ha ganado. El Presidente Bartomeu no pasará a la historia como el hombre bajo cuya gestión se fueron primero Neymar y luego Messi; La Liga no pierde a quien sigue siendo un gran atractivo para los de transmisión, pero sobre todo, tienen para sí al mejor talento futbolístico del mundo, un año más. No obstante, habría que pensar si en verdad se trata de un triunfo, o más bien de una victoria pírrica, haber vencido al mar para morir en la orilla.

En efecto, al verse forzado a continuar al menos por un año en un club en donde siente que “no hay un proyecto” y en donde “no es feliz”, y pese a haber prometido su mejor esfuerzo; puede que el jugador no alcance su mejor rendimiento. Es un deportista, no una máquina. Es una persona, por sobre todas las cosas, y como tal, le afectará el entorno, la tirantez de su relación con la directiva y hasta con el entrenador. A menos que de pronto todo comience a cambiar en el club y haya un proyecto que lo seduzca, desde hoy, el F. C. Barcelona debe comenzar a acostumbrarse a vivir sin Messi. Un Messi que, además, tal como están las cosas, se irá gratis en junio de 2021. Por eso anotábamos antes lo que formulamos ahora como pregunta: ¿es el presente, un escenario de victoria para el club?

Las arcas del Barcelona claman urgentemente por liquidez. Quizá un mal acuerdo, aunque no hubieran sido 700 millones de Euros, podría haber dejado un dinero más que necesario al club. Hubiera sido un juego de ganar-ganar. Por una parte, el jugador se hubiera sentido libre, como hubiera querido, buscando nuevos retos en una carrera en que a su nivel, no se es feliz si no se ganan títulos. Por otra parte, Barcelona habría hecho algo de caja y hubiera enfrentado en mejores condiciones esta ventana de fichajes, tan rápida como inusual. Ninguna de las dos cosas ha sucedido, ni sucederá. Barcelona ha “ganado” en un juego en que la realidad es que sale debilitado desde el punto de vista futbolístico, o al menos con una gran incertidumbre, sin contar con que ha renunciado a recibir algo cuando se vaya el mejor jugador que ha tenido en su historia.

Creemos que un final negociado hubiera sido lo mejor, y al menos habría dejado a ambas partes sumando algo para sí. Siempre se dice que un mal acuerdo es mejor que un buen juicio, y más aún si tal juicio se hubiera resuelto, en el mejor de los casos, en dos o tres años, con el jugador al borde del retiro o jugando en ligas menos competitivas pero que permitan su lucimiento; y con el club habiendo pasado página de quien en su momento fue su símbolo y emblema. La consideración a 20 años de barcelonismo brilló por su ausencia, la consideración por la necesidad de la persona también. El empleador no se puso a considerar aquellas razones que realmente mueven al trabajador a hacer su trabajo, más allá del pago.

Al parecer, la actuación de los asesores no se centró en las reales necesidades de sus clientes, y jamás se intentó, ni de una parte ni de otra, un diálogo tendiente a dar por terminada la relación de una manera que satisfaga al menos en partes iguales a ambos. El acuerdo habría dejado ganancias para ambos, y la situación actual, con un Messi desistiéndose de su amenaza inicial; deja a ambos sin sumar. ¿Cuán importante es contar con asesoría realmente centrada en nuestras necesidades, en cualquier situación de incertidumbre contractual? Diría que mucho, muy importante… quizá es lo más importante. Sin asesoría especializada, que comprenda y haga suyas las necesidades que deseamos satisfacer, o al menos aquellas que es posible y realista reclamar; vamos a una batalla legal sin armas. Luego el resultado puede parecer una victoria que en verdad no nos suma. De cara a la galería, Messi sigue siendo del Barcelona, pero a partir del 30 de junio de 2021, eso no será más que un adiós; uno que no se capitalizará al convertirse en recuerdo.

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