Líder de La Resistencia habría participado en asesinato de un excombatiente del Cenepa

Jota Maelo y Rosa Bartra

Por Gustavo Gorriti.-

A los casos que quedan sin resolver y que luego el tiempo seca, les llaman ‘casos fríos’.

Ahí quedan, perdidos en el fondo de los archivos, acumulando silencios que cubren las revelaciones que no se supo o quiso encontrar.

El exsoldado Ezequiel Huamaní Ñahuinlla tenía 22 años cuando cruzó el umbral de sus últimos pasos, los primeros de esta historia.

Huamaní Ñahuinlla no era un licenciado cualquiera sino un veterano del Cenepa, a quien el servicio en el Ejército, en el frente de guerra, le había cambiado la vida. Lo había hecho metódico, disciplinado, deportista.

 

Soldados peruanos, como Ezequiel Huamaní, en la frontera con Ecuador durante el conflicto del Cenepa. (Foto: Archivo Histórico de El Peruano)

 

A las ocho de la noche del 2 de agosto de 1998, Huamaní Ñahuinlla salió de la casa que compartía con su tía, Santosa Huamaní –la llamaba ‘mamá’ de cariño–, para comer un pastel y tomar una gaseosa en una tienda que estaba frente a su casa en el Asentamiento Humano Los Olivos de Pro.

Veinte minutos después, Santosa Huamaní escuchó que su sobrino empujaba violentamente la puerta. Ella la abrió y encontró a Ezequiel Huamaní, agarrándose un costado mientras una persona que ella identificó como “Juan” le gritaba que “le sacaría las tripas”. Santosa Huamaní se interpuso y entonces su sobrino le dijo que acababan de “meterle un cuchillo”. Con la ayuda de unos vecinos, viendo que el sangrado no paraba, la señora Huamaní se esforzó por salvar a su sobrino y lograron llegar largo rato después al hospital Cayetano Heredia. Mientras reunía el dinero para comprar los que le indicaron y esperaba, pasaron las horas. A las seis de la mañana un médico le informó que su sobrino había muerto. La necropsia señaló la causa como shock hipovolémico. Producido por la grave y larga hemorragia que debió haber sido contenida de inmediato.

Antes de que Huamaní Ñahuinlla saliera de su casa a la muerte, tres personas pasaban la tarde cerca de ahí, bebiendo cañazo con agua. Dos de ellos eran menores de edad: David Capillo Ponte, apodado ‘Colita’; y Daniel Francisco Pérez Arroyo, cuya chapa era “Oso”. El tercero sí era mayor de edad, tenía 22 años y se llama Juan José Muñico Gonzales, cuyo alias en el futuro sería ‘Maelo’. Hacia las ocho de la noche, libando y caminando, vieron a Ezequiel Huamaní que tomaba una gaseosa en la bodega.

 

Ezequiel Huamaní Ñahuinlla. (Foto: Reniec)

 

– ¡Ahí está el cholo soplón! – gritó ‘Colita’, y corrieron hacia Huamaní para atacarlo.

¿Por qué? Meses atrás, el hermano de ‘Colita’ había sido capturado por la Policía, junto con otros dos, por robo. Ese agosto, el hermano se encontraba en Lurigancho y “Colita” y sus compinches sostenían que Huamaní Ñahuinlla, el veterano del Cenepa, los había denunciado. Envalentonados por el cañazo y, sobre todo, por el número, lo atacaron.

Según el atestado Nº 155-98-JPM-NORTE-DIVINCRI-DCVCS, firmado el 6 de agosto del 98 en Independencia, ‘Colita’ y ‘Oso’ “corren a dicho lugar [la bodega] interceptando a su víctima, asestándole una puñalada en la parte posterior del tórax, y luego de cometido el hecho, ambos sujetos se dieron a la fuga, dejando herido de gravedad a Ezequiel Huamaní Ñahuinlla (22), quien ante el ataque sufrido corre hacia su domicilio, y en estas circunstancias que Juan José Muñico Gonzales (22) (a) “Juan” lo agrede físicamente con golpes de puntapiés, acción presenciada por Santosa Huamaní Chipana (38), tía de la víctima, así como vociferando a viva voz “Que lo destriparía””.

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El atestado concluye señalando la responsabilidad de ‘Colita’ y ‘Oso’ – quienes hasta ese momento figuraban como “no habidos”– en la muerte de Ezequiel Huamaní.

En cuanto a Muñico, que había sido detenido, el atestado sostiene que: “Juan José Muñico Gonzales (22) (a) Juan resulta ser presunto implicado en el Delito contra la Vida, el Cuerpo y la Salud (Lesiones Graves por Arma Blanca con muerte Subsecuente), en agravio de Ezequiel Huamaní Ñahuinlla…”.

Juan José Muñico es ahora conocido con otra chapa: ‘Maelo’, el nombre con el que lo llama emocionada en una actuación de quienes se llaman a sí mismos la Resistencia y las filas democráticas denominan más apropiadamente La Pestilencia.

“¿Dónde está Maelo?” Pregunta Bartra y eso mismo se preguntó años atrás la Divincri poco después del asesinato. Ambos lo encontraron.

 

 

Inseparable con Bartra, ambos recalaron en lo que queda de Solidaridad Nacional bajo el liderazgo de Rafael López Aliaga y ambos son candidatos al Congreso por esa agrupación. Bartra ocupa el puesto 1 y alias Maelo el 30, pero como se ve, paran juntos.

Alias Maelo ha buscado, como organizador de La Pestilencia, construirse un perfil matoncete, achorado. Se ha presentado a sí mismo como: “Anticomunista de nacimiento, pastor de carneros NAKos y striper de las terrucas aguantadas”.

 

 

La descripción que hizo de sí mismo el 5 de agosto del 98, en su primer interrogatorio policial, con presencia del fiscal y de su abogado, fue más factual:

¿Cuál fue la actuación puntual de alias Maelo en la muerte de Ezequiel Huamaní?

Hay cosas obvias: Del grupo de tres que atacó y mató a Huamaní, alias Maelo era el único mayor de edad; y fue también parte del ataque grupal.

Inicialmente, alias Maelo reconoció haber participado en el ataque: “… por lo que yo voy detrás de Ezequiel Huamaní Ñahuinlla (22) con la finalidad de golpearlo, ya que me encontraba en estado etílico…”.

La tía de la víctima, Santosa Huamaní confirmó ante el fiscal y en presencia de alias Maelo, dijo que este, “es el mismo sujeto que le propino un puntapié a mi sobrino y lo amenazó con destriparlo […] participó tirando un puñete y dos patadas a mi sobrino, asimismo mi sobrino una semana antes de lo que sucedió me indicó que el tal Juan [alias Maelo] lo había amenazado”. En cuanto a la herida mortal, una puñalada en la espalda que penetró hasta el pulmón, la señora Huamaní repitió lo que su sobrino herido le dijo, “… que el que le había ocasionado las lesiones (Heridas), en la espalda era el tal “Colita””.

En su declaración ante la jueza Rosario Hernández, un mes después del asesinato, Santosa Huamaní fue más específica:

“ … entonces han comenzado a patear la puerta yo he salido hacia afuera diciendo quién pateaba la puerta y era Juan Muñico, a quien yo al decirle porque pateaba mi puerta me dijo que buscaba a mi sobrino Ezequiel y me dijo “le voy a sacar las tripas” y cuando sale mi sobrino le quiso lesionar y a mi me cayó un un golpe en el pecho, y yo lo cogí de su polo y le dije que le has hecho a mi sobrino y Ezequiel me dijo me han lesionado en la espalda y en la pierna, entonces me fijé que en su espalda estaba sangrando le habían acuchillado a la altura del pulmón izquierdo y por la pierna izquierda a la altura de la pantorrilla es que también sangraba pero poco, entonces le dije quién le había hecho eso y me dijo que “Colita’ por Capillo el que le había lesionado en la espalda y que la lesión de la pierna se la había hecho Juan Muñico, entonces me contó mi sobrino que estaba tomando gaseosa en un Kiosco cuando Juan Muñico se le acerca y le da un puñete en el rostro y luego por detrás en su espalda siente caliente y era que lo habían lesionado con un cuchillo y él ahí comienza a correr y ellos dos lo han seguido…”.

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En esa misma declaración, Santosa Huamaní dijo que cuando ya había llevado a su sobrino al hospital, alias Maelo y ‘Colita’ regresaron a su casa a buscar a aquel, según sus vecinos, “… donde Muñico decía a mi no me va a pasar nada por la raspadura que yo le he hecho no me pueden hacer nada, además mi padre es abogado y Capillo también hablaba algo parecido”.

Y así quedó el asunto por un tiempo. Luego, “Colita” se entregó a las autoridades, pero como menor de edad, fue investigado en el Juzgado de Familia.

El 13 de agosto de 1998, David Capillo, ‘Colita’ dio su versión de los hechos a la fiscal Rita Figueroa, de la 5ta Provincial de la Familia.

En su versión, ‘Colita’ indicó que, luego de recibir una cachetada de Ezequiel Huamaní, que lo derribó, extrajo “una navaja del interior de su pantalón, causándole una herida en la pierna izquierda, para seguidamente escaparse del lugar, precisando que su amigo (a) “Juan” [es decir, alias Maelo. NdR], es quien lo remató provisto de una zapatera (Cuchillo)”. Según “Colita’, la razón por la que “Juan Muñico Gonzales lo ataca [a Ezequiel Huamaní] con una zapatera y lo remata por la espalda, por cuanto Ezequiel se había metido con su enamorada de nombre Judith”.

 

 

Ahí, entre las mutuas acusaciones de quién había sido el que apuñaló por la espalda y mató a Ezequiel Huamaní, se acabó la amistad entre David Capillo, “Colita” y Juan Muñico, “Maelo”. Ninguno de los dos cambió su versión.

 

Justicia de Cono Norte

El proceso fue largo y la justicia fue corta. David Capillo, ‘Colita’ fue sentenciado por el juez Carlos Suárez Chávez, del Quinto Juzgado de Familia de a la medida “Socio Educativa de Internamiento” por tres años en el “Centro de Diagnóstico y Rehabilitación de ” donde debería aplicarse “una terapia Psico Social para su Reinserción a la Sociedad”.

En septiembre y octubre del dos mil, el abogado Ariosto Muñico, que figura en la ficha Reniec como padre de alias Maelo se presentó como abogado de este, sosteniendo que “No existe en autos ningún medio probatorio que acredite que el recurrente haya participado en el hecho investigado. No hay ni habrá prueba alguna sobre mi participación en la comisión del delito de homicidio en agravio de Ezequiel Huamaní Ñ. ocurrido el 2 de agosto de 1998. Por lo que, SOY INOCENTE”.

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Ahora, por las fechas, ya podemos suponer quién imitó a quién en la irremediable devaluación de las mayúsculas.

 

 

En medio del festival de sofismas, emergió por una vez la voz indignada de Santosa Huamaní, que logró por un tiempo el asesoramiento del Estudio Jurídico Moreno.

En un escrito presentado en mayo de 2001 al juez del Segundo Juzgado Penal del Módulo Básico de los Olivos, la señora dijo lo obvio: que “no se trata de una presunción delictiva” sino de un asesinato. Que el acuchillamiento por la espalda “evidencia la traición y ensañamiento, que demuestra que hubo una orquestación deliberada entre los inculpados”.

El escrito acusa al fiscal de “colusión indirecta”, y que “por la condición amical del Dr. Muñico, actual juez y padre de uno de los inculpados tratan de imponerle una pena privativa de libertad de un año, 90 días y Mil nuevos soles de reparación civil, la misma que la considero aberrante e infamante […] pues ni la vida de una VACA HOLSTEIN equivalente a más de tres mil nuevos soles, como una sorna a la pobreza y la precaria situación de los deudos…”.

El escrito exigió una pena de “no menos de 20 años de Penitenciaría a cada uno y una reparación civil de no menos de cuarenta mil nuevos soles […] no buscamos venganza sino justicia”.

Lo que obtuvieron fue justicia, pero del Cono Norte.

El 20 de agosto de 2001, la jueza Carmen Rosa Cucalón sentenció. Luego del vacuo palabreo de rigor declaró “sobreseída la acción penal incoada contra Juan José Muñico Gonzales y Daniel Francisco Pérez Arroyo por el delito contra la vida, el cuerpo y la salud, homicidio en agravio de Ezequiel Huamaní Ñahuinlla”. Además, ‘reservó’ por un año el fallo contra Muñico, sujeto a las reglas usuales de buena conducta. En cuanto a la reparación civil, la fijó en 500 nuevos soles, a repartir entre los herederos de Huamaní.

Se le preguntó a alias Maelo si estaba conforme con la sentencia y él contesto, que sí estaba conforme. ¿Cómo no estarlo con la impunidad?

La familia del combatiente del Cenepa protestó en lo que sus modestísimos recursos permitían. La madre de Huamaní, Benedicta Ñahuinlla reclamó por la falta de notificación de la sentencia y apeló para que “los asesinos de mi hijo que en vida se llamó Ezequiel Huamaní Ñahuinlla sean sancionados con ejemplaridad […] la sanción benigna que favorece a estos malhechores […] está dando mayor protección para que estos delincuentes sigan cometiendo actos de la misma naturaleza y de repente con mayor gravedad”.

Hasta el 2004, las señoras Benedicta Ñahuinlla y Santosa Huamaní reclamaron, con gran esfuerzo, por no haber sido siquiera notificadas de la sentencia. De nada sirvió. 

El caso terminó en el archivo. El crimen en la impunidad.

“¿Dónde está Maelo? preguntó con voz emocionada Rosa Bartra en aquel cónclave de la Pestilencia.

 

Ahí lo tienes. Junto a ti, en la lista que los merece a ambos y con la biografía puesta al día.

¿Quieres saber más? Pregunta, si las encuentras, a las señoras Santosa y Benedicta.

 

Publicado el miércoles 22 de enero, 2020 a las 15:57 | RSS 2.0.
Última actualización el miércoles 22 de enero, 2020 a las 15:58

Fuente: IDL – Reporteros

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