El legado de Miguel Grau en los marinos peruanos en tiempos del covid-19

Miguel Grau
(Foto: El Peruano)

Por: José VadilloVila

A propósito de los 186 años del nacimiento de Seminario, una mirada sobre las labores en tiempos de pandemia de los marinos peruanos.

Uno.

A diario, antes que el sol inicie la cumbia del día, el técnico segundo Raúl Requez sale al mando de 10 hombres, a patrullar. Es una misión que se inició el 16 de marzo y aún no tiene fecha de fin.

De día, el equipo evita las aglomeraciones en los espacios públicos (bancos, mercados). De noche, constata que los ciudadanos cumplan con el toque de queda, que en Iquitos rige de las 16:00 a las 5:00 horas.

Requez lleva un año asignado al BIMA-1. En la Estación Naval Clavero, tanto en el comedor como en las cuadras, el distanciamiento social es la ley.

Iquitos no es como Lima, me dice, aquí no hay empresas ni fábricas; hay mucha pobreza y la gente se desesperar para llevar un pan al hogar. Por eso, más del 50% de la población no ha respetado la cuarentena.

Con 28 años de servicio en la Marina, Requez ya ha estado en una misión de paz en Haití, en Pucallpa, Conga, Arequipa… Es casado y tiene dos hijos en el colegio, en Lima.

¿Y Grau está presente en la Amazonía? ¡Por supuesto! Grau es charapa. “La población de la selva tiene a la Marina de Guerra muy presente desde 1864. Hoy se realizan trabajos con las famosos PIAS [plataformas itinerantes de acción social], que llevan diversos servicios del Estado a los pueblos de nuestra Amazonía”.

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Dos.

En la Escuela Naval del , en La Punta, la nueva rutina incluye clases remotas y evaluaciones sin profesor, supervisadas por el oficial encargado. No hay prácticas en buques y los alumnos del tercer año no realizarán el viaje de instrucción al extranjero, como era lo usual en el BAP Unión.

La promoción que egresa en diciembre la conforman 113 cadetes de cuarto año. Entonces iniciarán su carrera militar como alférez de fragata.

A sus 22 años, Carlos Zegarra, con su excelente desempeño académico, deportivo y militar, en sus cuatro años de estudiante, fue el cadete comandante del batallón Angamos hasta la semana pasada.

Cuando se inició la cuarentena, los cadetes también fueron llamados a prestar labores de patrullaje. Al cadete Zegarra le tocó patrullar por Magdalena, La Punta y otras zonas. “En el 70% del tiempo, las personas hacían caso”, es su evaluación.

“El almirante Miguel Grau me mostró que la Marina forma personas que liderarán personas y a ser persona de excelencia”, dice. “En todos los aspectos, Grau era honesto y caballero. Y uno llega lejos con los mejores ejemplos”.

Tres.

La frase inmortal del teniente segundo Enrique Palacios a bordo del Huáscar: “En este buque nadie se rinde”, ha vuelto a escucharse en la primera línea, ahora que el enemigo es el coronavirus.

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Al capitán de navío Juan Muro Slocovich le tocó asumir este año el cargo de subdirector de Salud de la Marina, justo cuando el se instaló como nuestra peor pesadilla.

Parte de las funciones del médico internista fue ayudar a preparar las directivas y planes que adaptaría la Marina de Guerra frente a la pandemia en sus múltiples establecimientos de salud, en costa, sierra, selva y mar.

El cómo defenderse es todo un aprendizaje que no termina porque el covid-19 es un virus de comportamiento nuevo y singular, cuenta.

Muro pasa casi todo el tiempo en el Hospital Naval o visitando las bases navales, afinando protocolos, reforzando el trabajo de médicos y personal de sanidad. Se extraña a la familia, pero su esposa y dos hijas comprenden que su labor sirve para salvar muchas vidas.

“Los médicos y oficiales de sanidad tenemos muy presente la figura de Miguel Grau. Tenemos la valla alta para mantener su nivel humano, valores, caballerosidad, civismo”.

Cuatro.

En una misiva a su amigo y compadre Carlos María Elías, Miguel Grau le decía que percibía que siempre había combatido con lo que llamaba “las malas circunstancias de su vida”. Con esfuerzo y perseverancia, llegó a ser reconocido.

“Grau debía de esforzarse muchísimo para lograr sus objetivos. Es uno de los muchos mensajes que nos deja su vida”, opina el historiador y capitán de corbeta Michel Laguerre.

Durante sus honras fúnebres en la Catedral de Lima, en 1879, monseñor Roque y Boloña recordó que el almirante, como “un guerrero cristiano”, guardaba siempre confianza y la serenidad en los momentos más duros de un combate.

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A la vez, fue un excelente marino. “Logró hacer algo único en la historia naval del mundo: que un buque de un valor militar tan pequeño como el monitor Huáscar, en comparación con sus adversarios, lograse controlar y mantener las líneas navales durante seis meses. Grau sabía de lo que era capaz. Sus decisiones era producto de una reflexión sincera”, dice Laguerre.

Ya lo perfilaron González Prada y Clements Markham: el almirante, nacido en Paita hace 186 años, era una persona de hablar poco, pero cuando lo hacía, calaba en sus interlocutores. Sereno, tranquilo, y, en familia, alegre y sencillo.

Michel Laguerre recuerda que Grau tampoco se limitaba a sus labores. “No se conformaba con lo básico. Es una gran lección: ir más allá de lo que nos piden”.

A los 9 años, el futuro héroe se hizo a la mar, y durante una década navegó todos los mares. Pudo hacerse millonario en la marina mercante, pero decidió volver al Perú y postular a la armada.

Grau y la Marina. Como decía el historiador José Agustín de la Puente Candamo, no se puede estudiar a Grau sin su relación con su institución naval. “Es un hombre que ‘respira sal’. Es un hombre ‘náutico’”.

Fuente: El Peruano

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