Las leyes de la oferta y la demanda

Christian-Guzmán-Napurí

Por: , Docente de la Maestría en

La Ley de la Oferta y la Ley de la Demanda, si bien son dos leyes económicas distintas, ellas se complementan mutuamente al deducirse del segundo de los axiomas fundamentales de la ciencia económica que es el del equilibrio del mercado; principio por el cual en todo mercado las cantidades demandadas y ofertadas de un bien tienden a equilibrarse, lo cual incluye, en términos de la macroeconomía, a la oferta y la demanda agregadas, como veremos luego.

Tratar este tema es de fundamental importancia en el actual contexto electoral en el cual se observan diversas propuestas que se dirigen a vulnerar la economía de mercado, afectando estas tan importantes leyes económicas por ejemplo a través de controles de precios – tema que hemos tratado anteriormente[1] – y otros planteamientos que perjudicarían a la actividad privada.

Ley de la Demanda

En primer lugar, la Ley de la Demanda establece que, en un mercado determinado, la cantidad demandada es inversamente proporcional al precio del bien. Mientras mayor sea el precio del bien, evidentemente menos dispuestos se encontrarán los consumidores a adquirirlo[2]. Ello ocurre dado que el consumidor es un ser racional, que busca minimizar los costos de sus comportamientos, como ya se ha señalado en su momento[3].

Aquí debe tenerse cuidado con el concepto de elasticidad. Esta última implica el grado de variación de la cantidad demandada respecto a la variación del precio[4]. Cuando la demanda de un bien es elástica las variaciones en el precio afectan en gran medida a la cantidad demandada. A su vez, se habla de demanda inelástica cuando dichas variaciones del precio afectan limitadamente a la cantidad demandada del bien en el mercado.

La elasticidad tiene que ver a su vez con la existencia de bienes sustitutos, vale decir, aquellos que son susceptibles de reemplazar a aquel respecto del cual se genera la demanda. Evidentemente, si existen bienes sustitutos el aumento en el precio de un bien generará que el consumidor prefiera los bienes sustitutos que correspondan. En este caso, la demanda es elástica, puesto que la demanda de bien será sensible a las variaciones de precio.

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En cambio, cuando no existen bienes sustitutos, la demanda será inelástica, al ser más bien insensible a la variación de precios. Pero además, la elasticidad se relaciona de manera directa con el nivel de necesidad de los bienes. La demanda de los bienes de lujo, por ejemplo, será elástica, mientras que los bienes necesarios se encontrarán sometidos a una demanda inelástica. Esta distinción sin embargo está sometida a controversia dada la necesidad de una definición técnica de lo que se entiende por necesidad, siendo que ello está relacionado en realidad con la existencia de bienes sustitutos[5].

Ley de la Oferta

Por otro lado, la Ley de la Oferta establece que, en un mercado determinado, la cantidad ofertada es directamente proporcional al precio del bien; mientras mayor sea este, evidentemente más disposición habrá entre los proveedores para ofrecerlo en el mercado. Ambas leyes se representan gráficamente a través de curvas en un eje de coordenadas cartesiano, en la cual uno de los ejes representa las cantidades y el otro los precios.

Ahora bien, como todo mercado tiende naturalmente al equilibrio, las curvas de oferta y de demanda se cruzan en un punto, denominado de equilibrio, en el cual las cantidades ofertadas, las cantidades demandadas, así como el precio del bien o servicio se mantienen en una ubicación determinada. Esta situación la vemos representada en la siguiente figura, en el cual los ejes representan las cantidades y los precios, mientras que las líneas que se cortan representan las curvas de oferta y de demanda.

Cuando el equilibrio al que nos estamos refiriendo no ocurre en la realidad se debe considerar que el mercado en cuestión se encuentra distorsionado, situación en la cual se justifica la intervención del Estado – por ejemplo a través de la regulación económica[6] – a fin de corregir la referida distorsión, sea porque la misma se ha generado de manera espontánea – lo cual cada vez es menos común – o porque la misma es resultado de la acción del propio Estado, situación en la que se más bien se habla de barrera burocrática o de un exceso de regulación económica.

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Un ejemplo interesante de lo indicado en el párrafo precedente es el mercado de trabajo, en el cual no existe dicho equilibrio puesto que en términos económicos tenemos un exceso de oferta de mano de obra, puesto que la cantidad ofrecida – la fuerza de trabajo – es mayor que los puestos de trabajo necesarios para absorberla, vale decir, la demanda de mano de obra. El evidente resultado social es el desempleo.

Finalmente, en términos propios de la macroeconomía se habla más bien de demanda agregada y de oferta agregada. La primera es la suma de los bienes y servicios demandados en una economía determinada. La segunda es más bien el grado de los bienes y servicios que se producen en dicha economía. Ambas se deben encontrar en lo que se denomina equilibrio general, que es uno de los conceptos más importantes de la macroeconomía.

Equilibrio en el mercado

El equilibrio general se encuentra referido a la existencia de coincidencia entre la demanda agregada y la oferta agregada, conforme la definición de ellas que hemos realizado líneas arriba. Las principales teorías económicas (como la Teoría Keynesiana o la Teoría Neoclásica) se enfocan en determinar la obtención de dicho equilibrio general, evidentemente desde puntos de vista distintos.

En realidad, la teoría de Keynes lleva a considerar que es posible la existencia de bienes no son susceptibles a reducir su precio, vale decir, bienes inflexibles a la baja, sea por su naturaleza, sea por decisión estatal[7]. Un buen ejemplo es la mano de obra, que no baja su precio por la existencia del sueldo o salario mínimo, determinado por decisión estatal. Ahora bien, no obstante las múltiples consideraciones jurídicas respecto a la existencia de controles alrededor del mercado de mano de obra, se considera que el salario mínimo genera distorsiones en dicho mercado, afectando el excedente económico total[8].

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Ahora bien la teoría económica en general considera que no existen bienes inflexibles a la baja, puesto que los mismos se encuentran determinados por la oferta y la demanda. Un caso extremo se encuentra conformado por los precios o tarifas de los servicios públicos, cuyos montos máximos son fijados por el Estado, pero ello debe ocurrir, como veremos más adelante, en supuestos de monopolios naturales y para simular la situación que se daría de existir competencia.

Esto nos lleva a la necesidad de enunciar dos leyes fundamentales en la noción de equilibrio. La primera es la Ley de Say – atribuida al economista francés Jean-Baptiste Say -, que implica que la oferta crea su propia demanda; explicando el equilibrio general en los mercados. Muy ligada a ella se encuentra la proposición que funda la Teoría Neoclásica, que es la Ley de Walras, que nos dice que si se verifica la existencia equilibrio en todos los mercados de una economía menos en uno, necesariamente existe equilibrio en el mercado que falta[9].

Fuente: Escuela de Posgrado – Universidad Continental


[1] https://propuestapais.pe/noticia/las-amenazas-en-la-economia-de-mercado-en-nuestro-pais-el-caso-de-los-controles-de-precios/

[2] BERNANKE, Ben S. y FRANK, Robert H. – Principios de Economía. Madrid: McGraw-Hill, 2007, p. 64-66. 

[3] TORRES LOPEZ, Juan – Análisis Económico del Derecho. Madrid: Editorial Tecnos S.A., 1987, p. 30-31.

[4] FISCHER, Stanley, DORNBUSCH, Rudiger y SCHMALENSEE, Richard – Economía. México: Mc Graw-Hill, 1990, p. 98 y ss.

[5]  KAFKA, Folke – Teoría Económica.  : Universidad del Pacífico, 1994, p. 140.

[6] https://blogposgrado.ucontinental.edu.pe/regulacion-economica-en-el-peru

[7] Sobre el particular: FIGUEROA, Adolfo – Teorías Económicas del Capitalismo.  Lima: Fondo Editorial PUCP, 1992, p. 132-133.

[8] BERNANKE, Ben S. y FRANK, Robert H. – Ob. cit., p. 439.

[9] KAFKA, Folke – Ob cit., p. 730.  FIGUEROA, Adolfo – Ob. cit., p. 110.

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